jueves, 29 de mayo de 2014

Bombero #2

Entro a la casa y la veo sentada frente a la chimenea encendida.
-¿Por qué haces eso?- Pregunto.
-¿Qué? ¿Esto, el fuego? Querido, tenía frío, hice chocolate y prendí la chimenea-
-Pero sabes que soy bombero-
-¿Y eso qué?-
-Pues que odio el fuego, lo detesto en verdad-
-Eres muy radical, además no todo el fuego es malo, sirve para calentar, para asar, para cocinar-
-Si tenías frío ¿por qué no te pusiste una manta, hiciste ejercicio, prendiste la calefacción o me esperaste en la cama para que yo te calentara?-
-Si quieres vamos a la cama para que me calientes- Dijo con voz seductora, se levantó y fue hacia mí.
-Ese no es el punto. El fuego quema, consume, destruye- Su gesto se puso serio, yo estaba enojado. Me abrazó.
-Ya, calmado. Ahorita que se caliente la sala lo apago-
-¿No lo vas a apagar ya? ¿Y cómo quieres que me calme si hay fuego de mi casa?-
-Olvídalo- Se fue caminando hacia el pasillo que daba a nuestra recamara. Gritó:
-También hay cuchillos en tu casa, alguien podría cortarse-
-¿A dónde vas?-
-A la cama a dormir y no espero visitas-
-¿Y el fuego?-
-Apágalo tú, tú eres el bombero-
Ella no lo entiende. No hay mucha diferencia entre un poco de fuego dentro de una casa, como el de la chimenea, o en magnitudes grandes como el que la destroza y me pagan por apagar.  Ella no lo entiende. Tienen el mismo potencial, el pequeño necesita un empujoncito para crecer y quemarlo todo. Ella no lo entiende. Lo apagué.

Cansado de perder.

Venía corriendo. Corrí hacia él. Un recorte y me dejó parado. Le seguí. Se llevó a dos compañeros. Lo alcancé. Puse mi mano en su pecho para estorbarle. Remató. Gol. Gritos de mujeres en la tribuna, unas 3, novias o hermanas. Siguió el juego.
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Me barro, recupero el balón, doy dos pasos y le mando el balón a un compañero, la jugada termina en nada. Pelota dividida, forcejeo, cubro el balón, llega otro rival, me lo quito, me jalan, la paso tirándome al suelo. El portero me da el balón, veo a mi delantero libre, se la paso brincando a todos, controla, recorta, corre, tira, gol.
Codazos, patadas en los tobillos, jalones de playera, ir al suelo.
Salgo a la banca. Siento la boca seca, la cabeza caliente, muslos y chamorros duros. Bebo agua y el resto de la botella va a parar a mi cuero cabelludo. Verlos jugar sólo me estresa y respirar es cansado. Entro, balón dividido, controla el rival. Me hace un recorte, le sigo, me hace otro, le sigo, uno más, le sigo, uno último, centra, alcanzo a meter el pie y lo que queda de mis pulmones. El rebote le favorece, corre un poco, no le alcanzo, centra y gol. Nadie me dice nada.
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Pelota dividida en el aire, brinco y reviento con la mollera. Me siento mareado, el juego sigue. Me pasan fuerte el balón, me rebota, tardo en controlar y me la quitan. Corro detrás del rival sin éxito. El portero nos salva, ruge. Nadie me dice nada, pero sé que fue mi error y sé que ya no tengo condición, me he descuidado. Salgo. Gol a favor. Fin del juego. Perdimos, mujeres gritan, siempre para el equipo contrario. Se hace fila para saludar los unos con los otros, hipócritamente, obligados, sin ganas, con rencor a aquel que te clavó el codo en las costillas, el que te pateó sin que el arbitro viera, el que te embarró contra la pared. Me quedo en la banca y me acuesto tapando el sol con mi antebrazo. Recuerdo, queriendo llorar, el torneo, el partido, mi pasado, mi vida, los vídeos de fútbol y los partidos en la televisión. Salen de la cancha mis compañeros, todos leyendo su lista de crímenes. No se critican entre ellos, salvo errores muy evidentes e importantes, al final se llega al consenso de que fue culpa de todos y que sólo es un juego, no hay que agüitarnos. pero para mí no es sólo un juego, éste no. Este significa todos mis fracasos, eso es.
¿Cuántos balones he detenido en la linea, cuando ya se habían llevado al portero y sólo quedaba yo como defensa? Incluso una vez saqué un balón con una chilena. ¿Cuántos pases para gol habré puesto? ¿Cuántos delanteros se habrán cabreado por tenerme en su contra? Pienso en los futbolistas, cada gol, cada triunfo, tienen a su afición a todo su público y además les pagan aunque pierdan. Nosotros no, yo no, cada gol, barrida, tapada, ha sido alabada por no más de 10 personas, en ocasiones especiales  15. Se está solo, sufriendo. Uno corre, se corta las piernas, sufre desgarres, tirones, se abre la cabeza y cada que hace algo bien, estás solo. Únicamente tienes a tus compañeros y alguien como yo que cambia de equipo cada y tanto, que no hace muchos lazos, no tiene a nadie. He perdido otro juego, no puedo respirar ni caminar decentemente. Mis compañeros se marchan, decido hacerlo yo también. Enciendo un cigarro mientras camino, de noche, a casa. La ciudad es tan hermosa y tranquila de noche. El único problema son los automóviles. Se mueven como sin sentido, son como la bolita de las maquinitas de pinball, que seguía un rumbo entre barditas que eran lineales o circulares. Sólo avanzan y uno camina viéndoles ¿cuántos habrán pasado ya? ¿A dónde irán? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Son felices?
Siempre los imagino enojados, frustrados, llenos de cansancio. Deseando algo siempre: Sexo, alcohol, comida, cigarrillos, llegar a casa... ganar. No tengo problema con la derrota, en otra vida este partido no me importaría, entiendo que la derrota es parte de la vida, es PARTE, pero en mi vida se ha convertido en un todo. No voy a aceptar eso, podría vivir con ella, que me visite de vez en cuando, hasta una pijamada, pero que no se quede a vivir.
Lo medito y pienso que no tuve oportunidad. Un niño creciendo con el boom de los videojuegos. Tanto tiempo solo en casa, sin tener con quien jugar, la televisión era mi compañera, y no era muy deportiva. Luevo la primaria, una hora de "Educación física" a la semana, con un profesor gordo, que te miraba con aire de superioridad porque era el único gordo de allí que no hacía ejercicio. Viví en un vecindario casi sin vecinos y los que jugaban en la calle eran los "pandilleros". En la secundaria no fue mejor la educación física. En la preparatoria me llegaron casi igual el tabaco, el alcohol y el fútbol. ¿Cómo iba yo a tener la calidad de los demás? ¿Cómo iba a hacer sus fintas, a tirar con potencia, con puntería, a tener control de balón? ¿Cómo querían que tuviera condición y corriera? Desarrollé buenos pases y coraje, pero ya estoy cansado.
No he ganado algo porque no lo merezco. Incluso entre los aficionados, los pobres, los que jugamos al fútbol por placer, soy del "equipo" que nunca tiene porra, del que no tiene delantero, del que le falta portero o del que se para en el podium al lado del primer lugar. Llegué a mi casa. Saludar a la familia; ir al cuarto; quitarse los tennis con debilidad; sacarse las espinilleras; quitarse las calcetas; tocarse las rodillas con sangre; pararse; quitarse el short y la playera. A dormir, los perdedores no merecen baño antes de ir a la cama, no, ellos merecen morir como están, el ganador tiene el ánimo para bañarse aunque esté destrozado... o eso creo, porque no sé lo que es ser un ganador, tal vez al haber ganado constantemente me habría acostumbrado y dejarí... tal vez estaría cansado de ser un ganador... ¡Já!

Bombero #1

A veces contemplo mi jardín. Rosas, tulipanes, crisantemos, claveles. Césped verde, de un verde vivo. Glorioso, grande, con olor a vida. Un árbol frondoso de duraznos, con una sombra acogedora. Insectos que viven felices en él, en mi jardín. Me siento y contemplo, me siento y me uno al jardín, a la vida, a la naturaleza, al universo. Siento cómo crece, cómo respira. Hormiguitas caminan por mi cuerpo, avanzan buscando comida o eso creo que hacen. No se percatan de mi presencia, parecen no darse cuenta de que estoy vivo. Soy algo insignificante para mi jardín, le proveo de todo lo que necesita pero y sin embargo no parece importarle. Las rosas no sonríen cuando llego; el árbol no me saluda; el pasto no se incomoda porque yo lo vaya a pisar; las hormigas no temen que las aplaste con un dedo. Es tan maravilloso y perfecto. Me necesitan, yo les adoro y parecen tan indiferentes a mí. No me es posible tener ego cuando estoy allí. Soy sólo algo más de. Entonces pasa. Recuerdo que la ciudad está en llamas; los vecinos gritan; el teléfono suena; el fuego de la casa de al lado me roza, sin que toque mi piel siento que me quema; el humo se mete en mi aire; en mi jardín; suenan alarmas contra incendios. -¡Bombero! ¡Necesito un bombero!-. Y los recuerdo, soy un bombero, odio el fuego y he de sacrificarme con tal de apagarlo.

lunes, 19 de mayo de 2014

Un día en la vida. Narrativa #1

"Ustedes no saben nada. Con sus películas, con sus citas de autores, con sus estúpidos libros de fantasía, de psicología o de sociología, con sus críticas al gobierno, a los demás, a todo, con su misma puta historia de siempre, gritando desde su zona de confort que -los demás son cobardes por tener una-. Ustedes que viven en y para facebook no tienen ni puta idea de la vida, los veo cada vez que busco o necesito a alguien y me dan asco. Cuando muera si voy al infierno, mi castigo será estar conectado eternamente a facebook, sintiendo el odio convertirse en cáncer de estómago. Nunca me entendí con nadie, ni me identifiqué y ahora que tengo acceso a su fachada e intereses, me alegra y sé que no quiero tener nada que ver con ustedes, buscaré la forma de ser autosuficiente, tener un rancho y vivir de la naturaleza, fumando en los sembradíos y durmiendo en hamaca, lejos de ésta sociedad enferma, en la tranquilidad. Cada momento es un impulso de salir a matar."

Terminó su "entrada en el blog. Encendió un cigarro. Vio Facebook y encontró una noticia sobre amores eternos. Salió de su habitación. Avanzó a un cuarto de estudio con ventanas enormes en un segundo piso. Había una mujer pintando, él se sentó junto a la puerta. Sacó una libreta y un lápiz:

     "Siempre me he sentido la mejor pareja de mis parejas. Me he visto como alguien inteligente y que sabe más o menos qué hacer. Que les doy algo que nadie más les dará. Pero después de meditar comprendí una obviedad. Una relación es de dos, son dos personas. Y comprendí también algo no tan obvio, la relación no depende de las cualidades de cada uno. No depende o funciona de forma matemática, porque sean factores que combinan y funcionan bien. A veces ayuda mucho que cada uno ponga de su parte, sea comprensivo. Pero hay algo más, algo que hace que funcione, que las personas se amen, hay algo que da esa conexión, hay algo que tenemos que nadie tiene. Aparte de que mucho de esta relación te lo debo a ti, hay algo, mi ego agradece, que no creo dependa mucho de nosotros. Sabes que te amo. Buena noche y nunca dejes de pintar."


Dejó la nota debajo de la puerta y fue a su cuarto a dormir en una cama sin más personas pero no vacía. 

domingo, 20 de abril de 2014

La punta del iceberg no es filosa si la ves desde arriba.

Nos obsesionamos con instantes, no deja nuestra mente un mismo pensamiento. Hora a hora, día a día, hasta que de un momento a otro, nos damos cuenta que eso que nos molestaba no significa nada, pero al parecer no aprendemos, no cambiamos, tal vez es porque así es nuestra naturaleza, así aprendimos a sobrevivir, fijandonos en detalles y meditando cada posibilidad. Aún no hemos avanzado mucho, seguimos viendo tres caras del cubo, buscando una cuarta, porque sabemos que hay más, pero no logramos ver nada, sólo nos aprendemos totalmente esas tres caras, hasta que tenemos el cubo en la mano, podemos ver lo demás, aunque a veces dudamos de que sean reales, pero siempre nos sirve para salir del hoyo obsesivo. Cada vez es lo mismo, de alguna forma nuestra solución no nos dice nada, el cerebro nos lleva a tener esos pensamientos repetitivos, a no poder salir de lo mismo. Cada minuto es un sufrimiento. Una enfermiza debilidad que consume nuestro universo por eternidades. Todas las opciones posibles pasan delante de nosotros, pero al parecer una resalta, a la que tememos, y esa está allí, viéndonos, mirando nuestra alma, y acosándonos, susurrando al oído "aquí estoy y soy lo único que hay". No hay a donde escapar de los pensamientos ¿a dónde ir de ese ego que somos nosotros, sin el cual creemos que moriremos? Otro día estoy aquí, esperando a que pase una semana para saber la verdad, rezando que sólo sea otra estúpida conclusión mal hecha, otra conjetura, otra pesadilla. Buen día, Isabel, cuando quieras te invito un cigarro.

miércoles, 22 de enero de 2014

Algún Vaquero.

No le tuve miedo a nada,
todo me aterraba
llevo una vida arriesgada
en esta tierra.

Que la muerte no me espere despierta
Yo acostumbro llegar tarde
que al cabo ya está muerta
y por allí dicen que no tengo madre.

Voy a saturarme de ti
y cuando eso pase,
te miraré con frenesí,
porque mi pasión renace.

El infierno y la monotonía son mi casa
¿cómo no vivir aterrado?
Pero tengo cojones de buena casta,
y estoy medio zafado.

El sol me oscurece la vista.
Pero el clima no me detiene.
Tengo una mente muy lista
que avanzando se entretiene.

Me curo el asco de la boca con cigarros(tabaco)
la tristeza y el coraje con golpes (trancazos).
me curo la pobreza con gastos
corbata y despilfarros.

Con tantas mierdas
me rompieron los piernas.
Aún tenía brazos.
Me rompieron los brazos.
Aún tenía tórax.
Me rompieron el tórax.
Aún tenía cabeza.
Me rompieron la cabeza.
Aún tenía espíritu...
y nadie pudo con su ímpetu.

No hay nada que me detenga,
a todo le doy vuelta.
No hay mal que por bien no venga.
Ya me solté la rienda.

Que la muerte no me espere despierta.
Las mejores cosas llegan tarde.
Que al cabo ya está muy muerta.
Y aún no soy padre.

Vita, sollicitudine, nunc. (Una vida, una ansiedad, un instante.)

A Junior, que al igual que muchos seres  de ésta tierra, se vio envuelto en desprecios que  no merecía, usado por gente egoísta, insensible e indiferente. Lamentablemente los héroes de su historia no son tan puros como en los cuentos de hadas, y sus villanos no merecen ser castigados, sino al igual que él, enseñados.

Hey, niño dientes.
Dime qué sientes.
Enséñame a sentir.
Háblame de ti.

Qué piensas quiero saber.
Lo que miras ver.
¿Por qué estás aquí?
¿Por qué te conocí?

Te he hecho llorar
y no me importa.
Te he hecho gritar
como nadie soporta.

Verte feliz me hace bien.
Te falta por aprender.
Tienes furia inocente.
y justificadamente.
Te quiero castigar,
pero te debo enseñar

Silvas al dormir.
Corres sin perseguir
más que tu sombra
por toda la alfombra.

Hay alguien que te quiere
tanto que le hiere.
Yo sólo observador
de su amor.

Te enfermas,
se me cae el mundo
y sin armas,
veo que te quiero.

Vives en seis metros
cuadrados.
¿Cuántos retos?
¡Que desgraciado!

Cagas donde comes.
Donde no hay soles,
en pura oscuridad,
sin pizca de piedad.

A veces observas a la gente,
igual que yo, sin entender
qué pasa por su mente.
No te preocupa ser.

Me haces daño
sin saber.
No te regaño
como debe ser.

Me muerdes
con tus dientes.
Me rasguñas
con tus uñas.

Quiero darte algo mejor
que tu vida de hoy.
Quiero oírte hablar,
no sólo sentir tu mirar.

No entiendes que te quiero
pareces carecer de sentimiento.

Seré egoísta,
no eres mi problema,
pero tu vista
es un dilema.