Un sinfín de personas tratando de llegar a tiempo a aquel lugar que les está llamando. No saben si lo que están buscando lo van a encontrar pronto, no saben si les gustara o no. Sin embargo ese es el motor que mueve una búsqueda. El no saber. "Ubaldo Castro"
domingo, 20 de abril de 2014
La punta del iceberg no es filosa si la ves desde arriba.
Nos obsesionamos con instantes, no deja nuestra mente un mismo pensamiento. Hora a hora, día a día, hasta que de un momento a otro, nos damos cuenta que eso que nos molestaba no significa nada, pero al parecer no aprendemos, no cambiamos, tal vez es porque así es nuestra naturaleza, así aprendimos a sobrevivir, fijandonos en detalles y meditando cada posibilidad. Aún no hemos avanzado mucho, seguimos viendo tres caras del cubo, buscando una cuarta, porque sabemos que hay más, pero no logramos ver nada, sólo nos aprendemos totalmente esas tres caras, hasta que tenemos el cubo en la mano, podemos ver lo demás, aunque a veces dudamos de que sean reales, pero siempre nos sirve para salir del hoyo obsesivo. Cada vez es lo mismo, de alguna forma nuestra solución no nos dice nada, el cerebro nos lleva a tener esos pensamientos repetitivos, a no poder salir de lo mismo. Cada minuto es un sufrimiento. Una enfermiza debilidad que consume nuestro universo por eternidades. Todas las opciones posibles pasan delante de nosotros, pero al parecer una resalta, a la que tememos, y esa está allí, viéndonos, mirando nuestra alma, y acosándonos, susurrando al oído "aquí estoy y soy lo único que hay". No hay a donde escapar de los pensamientos ¿a dónde ir de ese ego que somos nosotros, sin el cual creemos que moriremos? Otro día estoy aquí, esperando a que pase una semana para saber la verdad, rezando que sólo sea otra estúpida conclusión mal hecha, otra conjetura, otra pesadilla. Buen día, Isabel, cuando quieras te invito un cigarro.
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