Le dije,
-el día que ya no te cele,
es porque ya no le importas,
o ya no te quiere.-
Me respondió,
-me gustas todo tú,
menos tu ser social,-
-Cálmate Marx-
Siguió
hablando,
como sin escuchar
-No me gusta cómo eres,
cuando estás con los demás.
Tu forma de actuar,
tu forma de beber,
tu forma de fumar,
tu forma de leer,
tu forma de rezar,
me gusta como eres,
en soledad.-
Yo reí por nervios,
e inseguridad.
Me excusé,
hablé y hablé
luego tomé razón
de que estaba solo
en la habitación.
¿Cuándo
habré de morir?
¿Algún día seré feliz?
Dime, dime que sí,
ríe, ríe por mí.
Sentí
incógnita
por mi existencia
y pregunté al vacio,
cuándo acabaría ésta
¿Por qué
tanto odio?
¿Por qué tanta inseguridad?
¿Por qué no me oigo
al hablar?
Vi a Dios,
creo, lo sé,
se reía
de mi ser.
¿Cuándo
habré de morir?
¿Algún día seré feliz?
Dime, dime que sí,
ríe, ríe por mí.
Me vi al
espejo,
vi el reflejo
de un reflejo,
el de un hombre perplejo.
No hace
calor,
ni frío,
no hay amor,
ni líos.
Vi a alguien
observándome
y ese alguien,
era yo.
Ama-azul,
el color de mi alma.
El peso de mi cruz,
rompe la calma.
¿Cuándo
habré de morir?
¿Algún día seré feliz?
Dime, dime que sí,
ríe, ríe por mí.
-Ya
descansarás,
cuando te mueras,
te olvidarás,
de todo lo que eras.-
¿Cuándo
habré de morir?
¿Algún día seré feliz?
Dime, dime que sí,
ríe, ríe por mí.