En una noche de insomnio
salí a comprar cigarros.
Casi no hay gente,
pero aún circulan carros.
Los árboles parecen adornos,
el cielo un telón,
las personas maniquíes
y yo soy un mal actor.
Regreso a casa.
El humo por mi traquea
pasa como si nada,
pasa como agua.
La gente idiota y buena.
Empiezas por creer
que no se lo merecen
y terminas por comprender
que siembras lo que cosechas,
que la vida es casual,
y que si siembras odio
cosecharás "mal".
Me acuesto como
un inútil intento
por conciliar
algo de sueño.
Dos, tres, cuatro horas.
Cinco, seis, siete tabacos.
Un o dos mil
pensamientos maníacos.
Ya no estoy en mi cuarto.
Te veo preparando café.
Me miras y preguntas
si querré.
Tenemos máscaras
de conejos
que ocultan
nuestros complejos
Enciendo otro cigarro.
Camino despacio,
te miro a los ojos
y te abrazo
-Bésame como si
fuera la última vez,
que sueño poco
y pronto despertaré-
Aventamos las
máscaras a un lado.
Dices que nunca
me has dejado.
Un beso intenso
y con prisa,
muy dulce
para una occisa.
Dejo de llorar
y me pierdo.
Olvido incluso
que es un sueño.
Despierto solo
y abatido,
sin cigarros
ni olvido.
Siento la soledad
del final de la obra,
que hay que volver
a casa a comer sobras.
En mi cama, impotente,
llorando por el ayer.
deseando, aunque sea
un instante, volver.
Dejo de llorar
y me pierdo.
Olvido incluso
que fue un sueño.
Una nueva actuación
me espera,
debo seguir
aunque no quiera.
Dejo de llorar
y me pierdo.
Olvido incluso
que fue un sueño.
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