jueves, 29 de mayo de 2014

Bombero #1

A veces contemplo mi jardín. Rosas, tulipanes, crisantemos, claveles. Césped verde, de un verde vivo. Glorioso, grande, con olor a vida. Un árbol frondoso de duraznos, con una sombra acogedora. Insectos que viven felices en él, en mi jardín. Me siento y contemplo, me siento y me uno al jardín, a la vida, a la naturaleza, al universo. Siento cómo crece, cómo respira. Hormiguitas caminan por mi cuerpo, avanzan buscando comida o eso creo que hacen. No se percatan de mi presencia, parecen no darse cuenta de que estoy vivo. Soy algo insignificante para mi jardín, le proveo de todo lo que necesita pero y sin embargo no parece importarle. Las rosas no sonríen cuando llego; el árbol no me saluda; el pasto no se incomoda porque yo lo vaya a pisar; las hormigas no temen que las aplaste con un dedo. Es tan maravilloso y perfecto. Me necesitan, yo les adoro y parecen tan indiferentes a mí. No me es posible tener ego cuando estoy allí. Soy sólo algo más de. Entonces pasa. Recuerdo que la ciudad está en llamas; los vecinos gritan; el teléfono suena; el fuego de la casa de al lado me roza, sin que toque mi piel siento que me quema; el humo se mete en mi aire; en mi jardín; suenan alarmas contra incendios. -¡Bombero! ¡Necesito un bombero!-. Y los recuerdo, soy un bombero, odio el fuego y he de sacrificarme con tal de apagarlo.

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