Oh no, you didn´t.
Oh no, miren, miren.
En Italia no hay buen fútbol;
la libertad(honestidad, originalidad) es un burdo rumor;
los techos ya no son de brea;
el morbo, ley donde sea;
las plazas de toros vacías;
alcohol al mediodía;
fumar es un crimen;
si eres débil que te mimen;
decir "marica" es políticamente incorrecto;
viva el rey, el rey ha muerto;
no pido a Picasso, Buk o Freud,
sólo un cigarro en interior;
las revoluciones se acabaron,
internet y cebos nos dieron;
ya no creo en el mañana;
hormonas en la comida sana;
nací demasiado tarde;
Guadalupe no es mi madre.
Un sinfín de personas tratando de llegar a tiempo a aquel lugar que les está llamando. No saben si lo que están buscando lo van a encontrar pronto, no saben si les gustara o no. Sin embargo ese es el motor que mueve una búsqueda. El no saber. "Ubaldo Castro"
sábado, 14 de junio de 2014
Que el pendejo no soy yo.
¿Acaso soy el único al que le fastidian las demás personas? ¿Soy el único que en realidad siente asco al ver facebook, al salir a bares o al estar en un lugar público? Lo pregunto ignorando a todos los sociópatas que han salido a matar gente. Yo no lo hago porque no entra en mis principios y por el hecho de que me privaría de ciertas libertades. No siento odio, ni resentimiento. Las personas no fueron crueles conmigo, no sufrí acoso cuando era niño. Tengo y tuve una buena familia. La gente en general me da asco, la repudio. Veo fotos, comentarios y viene ese dolor de estomago indiscriminadamente por casi todo aquél que esté en facebook. No distingo entre modas, me dicen que generalizo, pero para mí todos son iguales, idénticos. Llenos de problemas, débiles, siempre buscando aceptación, siempre esa necesidad humana de reconocimiento. Buscan dónde encajar, una muda, una preferencia, un odio en común con alguien más. Yo no necesito que alguien me diga "yo también los odio" para sentirme satisfecho de que hay alguien cómo yo. Sólo quiero saber que no estoy loco, que no soy el único que ve la realidad. Veo frases tan idiotas y las personas le dan "Me gusta" y otros que las critican para parecer "inteligentes", "diferentes", etc. Si quitáramos el "qué" y dejáramos el "por qué", todos parecerían lo mismo. Intelectuales, incultos, feministas, machistas, rockeros, hippies, reggetoneros, fantoches, amables, poetas, hipócritas, fatalistas, fresas, mujeres, hombres, prostitutas, catedráticos, sacerdotes, ricos, pobres. Si supieran lo miserables que son, si tan sólo supieran que la diferencia entre unos y otros puede ser un día, una frase de niños, un padre, una madre, un amigo en la escuela, una experiencia, una ciudad de nacimiento, un puto instante. Todos somos egoístas, no cambiamos, los genes no engañan, la vida es un segundo, el odio nace en la incomprensión, cualquier cosa que te moleste es problema tuyo y no culpa de lo que te haya molestado y las personas lo ignoran. Buscan satisfacer esa necesidad, llenar esa soledad, quieren ser importantes, resaltar, quedarse en los demás porque si no, no eres nadie, es como si nunca hubieras existido. No hay diferencia entre quien quiere agradar a todos y al que le gusta fastidiar, o ser un mamón. El segundo ha desplazado sus ganas de que todos quieran estar con él por que todos le envidien o lo odien, pero hablan de él. Incluso creen que son mejores porque aparentan serlo, y porque son honestos y falacia y media. Soñé con una oveja que se levantaba y decía "Somos ovejas, el pastor nos lleva a donde quiere, no sabemos qué queremos, debemos caminar a donde nosotros queramos y dejar de hacerle caso al pastor, pues él no es una oveja como nosotros, no nos comprende. Entonces todas las ovejas le seguían y lo alababan, pero ninguna comprendió que no dejaron de ser ovejas, no dejaron de seguir a alguien, de hacer lo que siempre hacen, y peor aún, no comprendieron que seguían a otra oveja, trataban como superior a una igual". No siento satisfacción por ser diferente a los demás, ni incomodidad por ser igual, quiero saber que hay alguien que ve lo que veo, y que no soy un simple enfermo que desprecia todo, que siente rechazo hacia todo. Quiero saber que el pendejo no soy yo.
jueves, 29 de mayo de 2014
Bombero #2
Entro a la casa y la veo sentada frente a la chimenea encendida.
-¿Por qué haces eso?- Pregunto.
-¿Qué? ¿Esto, el fuego? Querido, tenía frío, hice chocolate y prendí la chimenea-
-Pero sabes que soy bombero-
-¿Y eso qué?-
-Pues que odio el fuego, lo detesto en verdad-
-Eres muy radical, además no todo el fuego es malo, sirve para calentar, para asar, para cocinar-
-Si tenías frío ¿por qué no te pusiste una manta, hiciste ejercicio, prendiste la calefacción o me esperaste en la cama para que yo te calentara?-
-Si quieres vamos a la cama para que me calientes- Dijo con voz seductora, se levantó y fue hacia mí.
-Ese no es el punto. El fuego quema, consume, destruye- Su gesto se puso serio, yo estaba enojado. Me abrazó.
-Ya, calmado. Ahorita que se caliente la sala lo apago-
-¿No lo vas a apagar ya? ¿Y cómo quieres que me calme si hay fuego de mi casa?-
-Olvídalo- Se fue caminando hacia el pasillo que daba a nuestra recamara. Gritó:
-También hay cuchillos en tu casa, alguien podría cortarse-
-¿A dónde vas?-
-A la cama a dormir y no espero visitas-
-¿Y el fuego?-
-Apágalo tú, tú eres el bombero-
Ella no lo entiende. No hay mucha diferencia entre un poco de fuego dentro de una casa, como el de la chimenea, o en magnitudes grandes como el que la destroza y me pagan por apagar. Ella no lo entiende. Tienen el mismo potencial, el pequeño necesita un empujoncito para crecer y quemarlo todo. Ella no lo entiende. Lo apagué.
-¿Por qué haces eso?- Pregunto.
-¿Qué? ¿Esto, el fuego? Querido, tenía frío, hice chocolate y prendí la chimenea-
-Pero sabes que soy bombero-
-¿Y eso qué?-
-Pues que odio el fuego, lo detesto en verdad-
-Eres muy radical, además no todo el fuego es malo, sirve para calentar, para asar, para cocinar-
-Si tenías frío ¿por qué no te pusiste una manta, hiciste ejercicio, prendiste la calefacción o me esperaste en la cama para que yo te calentara?-
-Si quieres vamos a la cama para que me calientes- Dijo con voz seductora, se levantó y fue hacia mí.
-Ese no es el punto. El fuego quema, consume, destruye- Su gesto se puso serio, yo estaba enojado. Me abrazó.
-Ya, calmado. Ahorita que se caliente la sala lo apago-
-¿No lo vas a apagar ya? ¿Y cómo quieres que me calme si hay fuego de mi casa?-
-Olvídalo- Se fue caminando hacia el pasillo que daba a nuestra recamara. Gritó:
-También hay cuchillos en tu casa, alguien podría cortarse-
-¿A dónde vas?-
-A la cama a dormir y no espero visitas-
-¿Y el fuego?-
-Apágalo tú, tú eres el bombero-
Ella no lo entiende. No hay mucha diferencia entre un poco de fuego dentro de una casa, como el de la chimenea, o en magnitudes grandes como el que la destroza y me pagan por apagar. Ella no lo entiende. Tienen el mismo potencial, el pequeño necesita un empujoncito para crecer y quemarlo todo. Ella no lo entiende. Lo apagué.
Cansado de perder.
Venía corriendo. Corrí hacia él. Un recorte y me dejó parado. Le seguí. Se llevó a dos compañeros. Lo alcancé. Puse mi mano en su pecho para estorbarle. Remató. Gol. Gritos de mujeres en la tribuna, unas 3, novias o hermanas. Siguió el juego.
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Me barro, recupero el balón, doy dos pasos y le mando el balón a un compañero, la jugada termina en nada. Pelota dividida, forcejeo, cubro el balón, llega otro rival, me lo quito, me jalan, la paso tirándome al suelo. El portero me da el balón, veo a mi delantero libre, se la paso brincando a todos, controla, recorta, corre, tira, gol.
Codazos, patadas en los tobillos, jalones de playera, ir al suelo.
Salgo a la banca. Siento la boca seca, la cabeza caliente, muslos y chamorros duros. Bebo agua y el resto de la botella va a parar a mi cuero cabelludo. Verlos jugar sólo me estresa y respirar es cansado. Entro, balón dividido, controla el rival. Me hace un recorte, le sigo, me hace otro, le sigo, uno más, le sigo, uno último, centra, alcanzo a meter el pie y lo que queda de mis pulmones. El rebote le favorece, corre un poco, no le alcanzo, centra y gol. Nadie me dice nada.
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Pelota dividida en el aire, brinco y reviento con la mollera. Me siento mareado, el juego sigue. Me pasan fuerte el balón, me rebota, tardo en controlar y me la quitan. Corro detrás del rival sin éxito. El portero nos salva, ruge. Nadie me dice nada, pero sé que fue mi error y sé que ya no tengo condición, me he descuidado. Salgo. Gol a favor. Fin del juego. Perdimos, mujeres gritan, siempre para el equipo contrario. Se hace fila para saludar los unos con los otros, hipócritamente, obligados, sin ganas, con rencor a aquel que te clavó el codo en las costillas, el que te pateó sin que el arbitro viera, el que te embarró contra la pared. Me quedo en la banca y me acuesto tapando el sol con mi antebrazo. Recuerdo, queriendo llorar, el torneo, el partido, mi pasado, mi vida, los vídeos de fútbol y los partidos en la televisión. Salen de la cancha mis compañeros, todos leyendo su lista de crímenes. No se critican entre ellos, salvo errores muy evidentes e importantes, al final se llega al consenso de que fue culpa de todos y que sólo es un juego, no hay que agüitarnos. pero para mí no es sólo un juego, éste no. Este significa todos mis fracasos, eso es.
¿Cuántos balones he detenido en la linea, cuando ya se habían llevado al portero y sólo quedaba yo como defensa? Incluso una vez saqué un balón con una chilena. ¿Cuántos pases para gol habré puesto? ¿Cuántos delanteros se habrán cabreado por tenerme en su contra? Pienso en los futbolistas, cada gol, cada triunfo, tienen a su afición a todo su público y además les pagan aunque pierdan. Nosotros no, yo no, cada gol, barrida, tapada, ha sido alabada por no más de 10 personas, en ocasiones especiales 15. Se está solo, sufriendo. Uno corre, se corta las piernas, sufre desgarres, tirones, se abre la cabeza y cada que hace algo bien, estás solo. Únicamente tienes a tus compañeros y alguien como yo que cambia de equipo cada y tanto, que no hace muchos lazos, no tiene a nadie. He perdido otro juego, no puedo respirar ni caminar decentemente. Mis compañeros se marchan, decido hacerlo yo también. Enciendo un cigarro mientras camino, de noche, a casa. La ciudad es tan hermosa y tranquila de noche. El único problema son los automóviles. Se mueven como sin sentido, son como la bolita de las maquinitas de pinball, que seguía un rumbo entre barditas que eran lineales o circulares. Sólo avanzan y uno camina viéndoles ¿cuántos habrán pasado ya? ¿A dónde irán? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Son felices?
Siempre los imagino enojados, frustrados, llenos de cansancio. Deseando algo siempre: Sexo, alcohol, comida, cigarrillos, llegar a casa... ganar. No tengo problema con la derrota, en otra vida este partido no me importaría, entiendo que la derrota es parte de la vida, es PARTE, pero en mi vida se ha convertido en un todo. No voy a aceptar eso, podría vivir con ella, que me visite de vez en cuando, hasta una pijamada, pero que no se quede a vivir.
Lo medito y pienso que no tuve oportunidad. Un niño creciendo con el boom de los videojuegos. Tanto tiempo solo en casa, sin tener con quien jugar, la televisión era mi compañera, y no era muy deportiva. Luevo la primaria, una hora de "Educación física" a la semana, con un profesor gordo, que te miraba con aire de superioridad porque era el único gordo de allí que no hacía ejercicio. Viví en un vecindario casi sin vecinos y los que jugaban en la calle eran los "pandilleros". En la secundaria no fue mejor la educación física. En la preparatoria me llegaron casi igual el tabaco, el alcohol y el fútbol. ¿Cómo iba yo a tener la calidad de los demás? ¿Cómo iba a hacer sus fintas, a tirar con potencia, con puntería, a tener control de balón? ¿Cómo querían que tuviera condición y corriera? Desarrollé buenos pases y coraje, pero ya estoy cansado.
No he ganado algo porque no lo merezco. Incluso entre los aficionados, los pobres, los que jugamos al fútbol por placer, soy del "equipo" que nunca tiene porra, del que no tiene delantero, del que le falta portero o del que se para en el podium al lado del primer lugar. Llegué a mi casa. Saludar a la familia; ir al cuarto; quitarse los tennis con debilidad; sacarse las espinilleras; quitarse las calcetas; tocarse las rodillas con sangre; pararse; quitarse el short y la playera. A dormir, los perdedores no merecen baño antes de ir a la cama, no, ellos merecen morir como están, el ganador tiene el ánimo para bañarse aunque esté destrozado... o eso creo, porque no sé lo que es ser un ganador, tal vez al haber ganado constantemente me habría acostumbrado y dejarí... tal vez estaría cansado de ser un ganador... ¡Já!
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Me barro, recupero el balón, doy dos pasos y le mando el balón a un compañero, la jugada termina en nada. Pelota dividida, forcejeo, cubro el balón, llega otro rival, me lo quito, me jalan, la paso tirándome al suelo. El portero me da el balón, veo a mi delantero libre, se la paso brincando a todos, controla, recorta, corre, tira, gol.
Codazos, patadas en los tobillos, jalones de playera, ir al suelo.
Salgo a la banca. Siento la boca seca, la cabeza caliente, muslos y chamorros duros. Bebo agua y el resto de la botella va a parar a mi cuero cabelludo. Verlos jugar sólo me estresa y respirar es cansado. Entro, balón dividido, controla el rival. Me hace un recorte, le sigo, me hace otro, le sigo, uno más, le sigo, uno último, centra, alcanzo a meter el pie y lo que queda de mis pulmones. El rebote le favorece, corre un poco, no le alcanzo, centra y gol. Nadie me dice nada.
Corro, me barro, hago pases, pierdo el balón, veo goles en primera fila.
Pelota dividida en el aire, brinco y reviento con la mollera. Me siento mareado, el juego sigue. Me pasan fuerte el balón, me rebota, tardo en controlar y me la quitan. Corro detrás del rival sin éxito. El portero nos salva, ruge. Nadie me dice nada, pero sé que fue mi error y sé que ya no tengo condición, me he descuidado. Salgo. Gol a favor. Fin del juego. Perdimos, mujeres gritan, siempre para el equipo contrario. Se hace fila para saludar los unos con los otros, hipócritamente, obligados, sin ganas, con rencor a aquel que te clavó el codo en las costillas, el que te pateó sin que el arbitro viera, el que te embarró contra la pared. Me quedo en la banca y me acuesto tapando el sol con mi antebrazo. Recuerdo, queriendo llorar, el torneo, el partido, mi pasado, mi vida, los vídeos de fútbol y los partidos en la televisión. Salen de la cancha mis compañeros, todos leyendo su lista de crímenes. No se critican entre ellos, salvo errores muy evidentes e importantes, al final se llega al consenso de que fue culpa de todos y que sólo es un juego, no hay que agüitarnos. pero para mí no es sólo un juego, éste no. Este significa todos mis fracasos, eso es.
¿Cuántos balones he detenido en la linea, cuando ya se habían llevado al portero y sólo quedaba yo como defensa? Incluso una vez saqué un balón con una chilena. ¿Cuántos pases para gol habré puesto? ¿Cuántos delanteros se habrán cabreado por tenerme en su contra? Pienso en los futbolistas, cada gol, cada triunfo, tienen a su afición a todo su público y además les pagan aunque pierdan. Nosotros no, yo no, cada gol, barrida, tapada, ha sido alabada por no más de 10 personas, en ocasiones especiales 15. Se está solo, sufriendo. Uno corre, se corta las piernas, sufre desgarres, tirones, se abre la cabeza y cada que hace algo bien, estás solo. Únicamente tienes a tus compañeros y alguien como yo que cambia de equipo cada y tanto, que no hace muchos lazos, no tiene a nadie. He perdido otro juego, no puedo respirar ni caminar decentemente. Mis compañeros se marchan, decido hacerlo yo también. Enciendo un cigarro mientras camino, de noche, a casa. La ciudad es tan hermosa y tranquila de noche. El único problema son los automóviles. Se mueven como sin sentido, son como la bolita de las maquinitas de pinball, que seguía un rumbo entre barditas que eran lineales o circulares. Sólo avanzan y uno camina viéndoles ¿cuántos habrán pasado ya? ¿A dónde irán? ¿Quiénes son? ¿Qué quieren? ¿Son felices?
Siempre los imagino enojados, frustrados, llenos de cansancio. Deseando algo siempre: Sexo, alcohol, comida, cigarrillos, llegar a casa... ganar. No tengo problema con la derrota, en otra vida este partido no me importaría, entiendo que la derrota es parte de la vida, es PARTE, pero en mi vida se ha convertido en un todo. No voy a aceptar eso, podría vivir con ella, que me visite de vez en cuando, hasta una pijamada, pero que no se quede a vivir.
Lo medito y pienso que no tuve oportunidad. Un niño creciendo con el boom de los videojuegos. Tanto tiempo solo en casa, sin tener con quien jugar, la televisión era mi compañera, y no era muy deportiva. Luevo la primaria, una hora de "Educación física" a la semana, con un profesor gordo, que te miraba con aire de superioridad porque era el único gordo de allí que no hacía ejercicio. Viví en un vecindario casi sin vecinos y los que jugaban en la calle eran los "pandilleros". En la secundaria no fue mejor la educación física. En la preparatoria me llegaron casi igual el tabaco, el alcohol y el fútbol. ¿Cómo iba yo a tener la calidad de los demás? ¿Cómo iba a hacer sus fintas, a tirar con potencia, con puntería, a tener control de balón? ¿Cómo querían que tuviera condición y corriera? Desarrollé buenos pases y coraje, pero ya estoy cansado.
No he ganado algo porque no lo merezco. Incluso entre los aficionados, los pobres, los que jugamos al fútbol por placer, soy del "equipo" que nunca tiene porra, del que no tiene delantero, del que le falta portero o del que se para en el podium al lado del primer lugar. Llegué a mi casa. Saludar a la familia; ir al cuarto; quitarse los tennis con debilidad; sacarse las espinilleras; quitarse las calcetas; tocarse las rodillas con sangre; pararse; quitarse el short y la playera. A dormir, los perdedores no merecen baño antes de ir a la cama, no, ellos merecen morir como están, el ganador tiene el ánimo para bañarse aunque esté destrozado... o eso creo, porque no sé lo que es ser un ganador, tal vez al haber ganado constantemente me habría acostumbrado y dejarí... tal vez estaría cansado de ser un ganador... ¡Já!
Bombero #1
A veces contemplo mi jardín. Rosas, tulipanes, crisantemos, claveles. Césped verde, de un verde vivo. Glorioso, grande, con olor a vida. Un árbol frondoso de duraznos, con una sombra acogedora. Insectos que viven felices en él, en mi jardín. Me siento y contemplo, me siento y me uno al jardín, a la vida, a la naturaleza, al universo. Siento cómo crece, cómo respira. Hormiguitas caminan por mi cuerpo, avanzan buscando comida o eso creo que hacen. No se percatan de mi presencia, parecen no darse cuenta de que estoy vivo. Soy algo insignificante para mi jardín, le proveo de todo lo que necesita pero y sin embargo no parece importarle. Las rosas no sonríen cuando llego; el árbol no me saluda; el pasto no se incomoda porque yo lo vaya a pisar; las hormigas no temen que las aplaste con un dedo. Es tan maravilloso y perfecto. Me necesitan, yo les adoro y parecen tan indiferentes a mí. No me es posible tener ego cuando estoy allí. Soy sólo algo más de. Entonces pasa. Recuerdo que la ciudad está en llamas; los vecinos gritan; el teléfono suena; el fuego de la casa de al lado me roza, sin que toque mi piel siento que me quema; el humo se mete en mi aire; en mi jardín; suenan alarmas contra incendios. -¡Bombero! ¡Necesito un bombero!-. Y los recuerdo, soy un bombero, odio el fuego y he de sacrificarme con tal de apagarlo.
lunes, 19 de mayo de 2014
Un día en la vida. Narrativa #1
"Ustedes no saben nada. Con sus películas, con
sus citas de autores, con sus estúpidos libros de fantasía, de psicología o de
sociología, con sus críticas al gobierno, a los demás, a todo, con su misma
puta historia de siempre, gritando desde su zona de confort que -los demás son
cobardes por tener una-. Ustedes que viven en y para facebook no tienen ni puta
idea de la vida, los veo cada vez que busco o necesito a alguien y me dan asco.
Cuando muera si voy al infierno, mi castigo será estar conectado eternamente a
facebook, sintiendo el odio convertirse en cáncer de estómago. Nunca me entendí
con nadie, ni me identifiqué y ahora que tengo acceso a su fachada e intereses,
me alegra y sé que no quiero tener nada que ver con ustedes, buscaré la forma
de ser autosuficiente, tener un rancho y vivir de la naturaleza, fumando en los
sembradíos y durmiendo en hamaca, lejos de ésta sociedad enferma, en la
tranquilidad. Cada momento es un impulso de salir a matar."
Terminó su
"entrada en el blog. Encendió un cigarro. Vio Facebook y encontró una
noticia sobre amores eternos. Salió de su habitación. Avanzó a un cuarto de
estudio con ventanas enormes en un segundo piso. Había una mujer pintando, él
se sentó junto a la puerta. Sacó una libreta y un lápiz:
"Siempre me he sentido la mejor pareja de mis parejas. Me he visto como alguien inteligente y que sabe más o menos qué hacer. Que les doy algo que nadie más les dará. Pero después de meditar comprendí una obviedad. Una relación es de dos, son dos personas. Y comprendí también algo no tan obvio, la relación no depende de las cualidades de cada uno. No depende o funciona de forma matemática, porque sean factores que combinan y funcionan bien. A veces ayuda mucho que cada uno ponga de su parte, sea comprensivo. Pero hay algo más, algo que hace que funcione, que las personas se amen, hay algo que da esa conexión, hay algo que tenemos que nadie tiene. Aparte de que mucho de esta relación te lo debo a ti, hay algo, mi ego agradece, que no creo dependa mucho de nosotros. Sabes que te amo. Buena noche y nunca dejes de pintar."
Dejó la nota
debajo de la puerta y fue a su cuarto a dormir en una cama sin más personas
pero no vacía.
domingo, 20 de abril de 2014
La punta del iceberg no es filosa si la ves desde arriba.
Nos obsesionamos con instantes, no deja nuestra mente un mismo pensamiento. Hora a hora, día a día, hasta que de un momento a otro, nos damos cuenta que eso que nos molestaba no significa nada, pero al parecer no aprendemos, no cambiamos, tal vez es porque así es nuestra naturaleza, así aprendimos a sobrevivir, fijandonos en detalles y meditando cada posibilidad. Aún no hemos avanzado mucho, seguimos viendo tres caras del cubo, buscando una cuarta, porque sabemos que hay más, pero no logramos ver nada, sólo nos aprendemos totalmente esas tres caras, hasta que tenemos el cubo en la mano, podemos ver lo demás, aunque a veces dudamos de que sean reales, pero siempre nos sirve para salir del hoyo obsesivo. Cada vez es lo mismo, de alguna forma nuestra solución no nos dice nada, el cerebro nos lleva a tener esos pensamientos repetitivos, a no poder salir de lo mismo. Cada minuto es un sufrimiento. Una enfermiza debilidad que consume nuestro universo por eternidades. Todas las opciones posibles pasan delante de nosotros, pero al parecer una resalta, a la que tememos, y esa está allí, viéndonos, mirando nuestra alma, y acosándonos, susurrando al oído "aquí estoy y soy lo único que hay". No hay a donde escapar de los pensamientos ¿a dónde ir de ese ego que somos nosotros, sin el cual creemos que moriremos? Otro día estoy aquí, esperando a que pase una semana para saber la verdad, rezando que sólo sea otra estúpida conclusión mal hecha, otra conjetura, otra pesadilla. Buen día, Isabel, cuando quieras te invito un cigarro.
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