Era el tiempo de la marea
y los ángeles del cielo aletean.
Tenía que despedirse,
para mañana irse.
Junté todo mi amor
y en una caja se lo di,
lleno de mí, del dolor
y de cuando lloré o fui feliz.
Eso la deshizo,
los abrazos y peleas.
Ella cayó al piso.
Dijo: Algún día me leas.
Huí para no volver,
retorné a mirar cómo estaba,
para asegurarme y ver
que ya no me necesitaba.
Me tenía sin cuidado
lo que de ella había
recibido, se lo había dado.
Por el mar seguí sin guía.
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