Amanecí
desvencijado. Tenía el hombro dos centímetros apartado de donde debe estar. Trate
de ponerlo en su posición "normal", sólo conseguí dolor y lagrimas.
Pensé que tal vez esa era su posición normal, lejos de mí, como todo y todos.
Si no podía entenderme con un ser distinto a mí, una razón podría ser que no me
entiendo conmigo. Cada día lo acepto con más facilidad. El presente me parece eterno, el pasado y el futuro son fluidos. Los segundos pasan como
minutos, los minutos como horas, las horas como días, los días como años y los
años como segundos. Siento el envejecer debajo de mis ojos, a los lados de la
boca, en la mirada, en mi tolerancia, en mi ánimo y en las razones que me hacen
levantarme de la cama. Veo a los demás, buscando una muestra de vida y otra de comprensión.
Analizo que moriré solo. De un momento a otro, en esta eternidad, mis dedos
tiesos, mis piernas débiles, mi cabello quebrado (quebrado como mi espíritu)
huirán de mí. Ya no me obedecerán y no habrá nadie allí, ni siquiera estaré yo
para sostenerme. Moriré solo, es lo que pasará y nadie sufrirá, ahora asumo que
las cosas son lo que son, no hay bien ni mal, no hay tristeza ni felicidad,
sólo "hay", y así, yo sølo moriré.
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