Lo físico no basta.
Los poemas de amor ajenos son generales.
Lo nuestro lo traspasa.
Te amo tanto que no sé ni cómo expresarme.
Te veo y entre el amor y la excitación me confundo,
cuando menos me doy cuenta, estoy desnudo
y erecto con demasiadas ganas de sólo abrazarte
y quedarme
así por horas.
De besarte y besarte hasta que sientas cuánto te quiero.
Que lo sientas y tengas esa seguridad.
Quédate un rato más, unos años y unas décadas, más que menos.
Abrázame hoy por la eternidad.
Quiéreme como quieres tú.
Como tú y como las mujeres con las que he estado, esas llenas de amarga gracia.
Escapémonos juntos como un par de ancianos decrépitos, del infierno de un asilo.
Y si no basta ésta vida búscame en otras.
Porque aún siento la misma emoción cada que me ves
que cuando descubrí que eres inteligente
o que cuando me respondiste
el teléfono por primera vez.
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